
Ya se ha terminado chicos. Una de las sagas que a muchos nos ha marcado en nuestro desarrollo desde la infancia y pasando por la adolescencia concluye en la gran pantalla, aunque seamos muchos los que hayamos disfrutado del espléndido final en su día con el libro.
En estas fechas se estrena la segunda parte de la adaptación cinematográfica de Las Reliquias de la Muerte, y con ello se cierra el telón de una obra que ha durado 10 años y 8 capítulos. Nos despedimos de actores que han crecido junto a nosotros, y de otros que han aguantado hasta el final de la batalla(viva la profesora McGonagall), y tenemos que agradecerles a todos ellos, junto a todo el equipo que mueve los hilos por detrás, el esfuerzo por plasmar fielmente los acontecimientos de los libros. También a ti, David Yates, por disimular tan bien tu pánico a la lectura.
En esta segunda parte se suceden los acontecimientos que ocurren en la última parte del séptimo libro. Harry y sus fieles amigos se marchan a la búsqueda contrarreloj de los Horrocruxes que les quedan, hasta el inevitable momento del enfrentamiento final entre ya-sabéis-qué-magos. El ritmo del film no decae en casi ningún momento, pero, para aquellos que nos hemos leído el libro, algunas escenas se han enfocado de una manera un tanto errónea. No pretendo lanzar SPOILERS, pero a nadie se le pasa por

Pero lo que, personalmente me parece imperdonable, es la frialdad con la que se ha tratado la muerte de personajes importantes en la trama. Si bien no voy a decir quienes, sí debo decir que su muerte pasa de puntillas y rozando la deshumanización, rozando la anécdota.
Por otra parte, debo aplaudir al equipo de animación por su gran labor a lo largo de los 130 minutos que dura aproximadamente la película. La magia nunca ha sido tan real y espectacular como en esta entrega, gracias a unos efectos especiales de lujo. La ambientación también está muy cuidada(si bien el castillo de Hogwarts continúa siendo diferente entrega tras entrega, pese a ciertas salas que tienen una aparición estelar), los pocos pasillos que se recorren envuelven en la melancolía, nos recuerdan los primeros años de Harry en la escuela y, a la vez, nos estremecen por su alto grado de destrucción. Es una verdadera lástima que John Williams no haya vuelto a la composición musical en esta última entrega de Harry Potter, pues fue quien inventó la melodía icono de la saga. En su lugar se ha sentado a las partituras Alexandre Desplat, quien ya ha trabajado en otras películas de gran categoría como El Discurso del Rey o Luna Nueva, pero que en esta ocasión no ha llegado al nivel musical que se le exigía. La única melodía que recordaremos de la película será, paradójicamente, la que compuso John Williams en su día y que nos pondrá los pelos de punta en el momento en que aparezca.
Remarcar también que la dificultad para llevar todos los acontecimientos importantes a la versión cinematográfica era tal que, para los que no hayan leído los libros, les será difícil seguir todo el guión, pues en algunas ocasiones no está del todo bien llevado. Aún así, los cambios en la trama y las sorpresas sobrecogerán a todos los espectadores.
Finalizaré el análisis destacando que al terminar la película tendremos la sensación de haber ido a ver una gran película de acción y haber disfrutado con ella, pero nos faltará la chispa que se necesitaba para concluir de una manera redonda la saga culpable de que mi interés por la lectura cayese drásticamente tras la finalización de la misma.